La cueva Llamazares, también conocida por Cueva Coribos, es uno de los últimos tesoros naturales por descubrir.

El agua de lluvia que las nubes descargan en la vertiente sur de la Cordillera Cantábrica y que antes o después terminarán en el cauce del mítico rio Curueño han creado, tras miles de año de incesante labor, una impresionante sucesión de galerías y cavernas en las que proliferan formaciones kársticas imposibles y donde destacan, por su abundancia y espectacularidad, las formaciones coraliformes, auténticas rarezas muy poco habituales en otras cuevas de origen kárstico.

A las entrañas de esta montaña, situada al norte del pueblo de Llamazares se accede por un bonito sendero, que a lo largo de 1 kilómetro asciende hasta la entrada de la gruta no sin antes regalarnos espectaculares panorámicas del valle que desciende hacia Lugueros y divisando fácilmente el recomendable hayedo que une Llamazares con el vecino pueblo de Redilluera o la silueta que recorta el pico Bodón, atalaya del valle con sus 1.959 m.

La Cueva Llamazares está a 1.475 m. sobre el nivel del mar y topográficamente tiene forma de “H”. El recorrido habilitado para las visitas, se adentra 700 m. en el corazón de la montaña y a cada paso nos sorprenderá con las caprichosas formas talladas por la naturaleza.

Las visitas a la cueva son acompañadas por un guía que narra las historia de la cueva y desvela los pequeños secretos que ésta alberga. Con un lenguaje sencillo para los no iniciados se explican los procesos de formación de galerías, estalactitas, coladas y demás formaciones que encontraremos en la visita.

El recorrido subterráneo, junto con la ambientación creada por la iluminación, resultan en una experiencia sensorial única donde descubrir, en cada rincón, enormes estalactitas que penden de los techos o formaciones coraliformes tapizando las paredes de las galerías.